jueves, 17 de junio de 2021

La Cepeda, una tierra carlista y legitimista. Una tierra que fue coherente con su historia, sus gentes y sus costumbres.

 

Estandarte Real durante la primera guerra carlista. Fue bordado por la esposa de don Carlos.

Recientemente se ha publicado el último número de La Revista de La Cepeda en la que he colaborado con la contribución "La Cepeda, una tierra carlista y legitimista". Se trata de un sencillo artículo a través del que he respondido al coordinador de la revista, Tomás Álvarez, quien hace meses me solicitó un artículo sobre un asunto histórico que hasta el presente, nadie había abordado en nuestra comarca: el carlismo.

La exposición se hace introduciendo al lector en el conflicto carlista antes de dar a conocer brevemente la evolución del carlismo en la provincia de León, así como la posible conexión que pudiera establecerse ente la Cepeda y las señas de identidad del carlismo. Así, algunos hechos relacionados con el carlismo local conducen hacia una conclusión esclarecedora. 

Con el fin de que cualquier interesado en el tema pueda acceder a la información en abierto, a continuación facilito el texto que aparece publicado en la revista.



LA CEPEDA, UNA TIERRA CARLISTA Y LEGITIMISTA

 

Carlos María Isidro.


ORÍGENES E IDEOLOGÍA DEL CARLISMO

El Rey Felón ha pasado a la historia como uno de los peores reyes de España, y tal vez, haya sido el peor. Después de un controvertido reinado, remató el ejercicio del poder regio dejando servido un conflicto sucesorio que desembocó en tres guerras civiles y numerosas disputas. Así, tras la muerte de Felipe VII tuvo lugar la primera guerra carlista entre partidarios de Isabel y Carlos María Isidro, a quién según la ley sálica implantada en España le correspondía suceder a su hermano, sin embargo, el 29 de septiembre de 1833 ascendió al trono Isabel, la de los Tristes Destinos.

Ambos aspirantes representaban dos visiones de la vida muy diferentes, ya que mientras Carlos María contaba con el apoyo de los sectores más tradicionalistas, la pequeña Isabel contaba con el de los liberales y su madre. No fue posible por entonces acercar posiciones, y al poco, comenzó un largo enfrentamiento que se prolongó durante décadas. Fue en este contexto en el que nació el carlismo, un movimiento político tradicionalista que con el paso del tiempo desarrolló una doctrina inspirada en la tradición española y la cristiandad medieval.

Si bien las zonas de mayor intensidad carlista fueron Navarra, País Vasco, norte de Cataluña y la zona del Maestrazgo, en líneas generales, el carlismo tuvo mayor respaldo en el norte de España, es decir, en la geografía más europeizada y cristianizada. Su lema “Dios, Patria, Rey” y el posterior añadido “Fueros” calificaron a un movimiento que tuvo gran repercusión desde 1833, hasta el final del franquismo. Su organización política fue conocida por diferentes nombres desde los que a menudo combatieron al liberalismo, mientras que por otra parte, procuraron actuar en defensa de la Iglesia católica, España y la monarquía más tradicional.

En fin, precisa Antonio Torres del Moral que “la muerte de Fernando VII dejó planteado el problema “carlista”, que produjo tres guerras civiles a lo largo del siglo, junto al del restablecimiento del régimen constitucional, que, sin embargo, ya no podría ser el de 1812”.

 

Joaquín Abarca y Blanque, obispo de León y consejero de Carlos María Isidro de Borbón.

CARLISMO EN LA PROVINCIA DE LEÓN

La noticia del fallecimiento de Fernando VII llegó a León una semana después de su muerte. El día 6 de octubre de 1833, Ambrosio de Eguía e Irigoyen anunció el suceso y el decreto de la reina gobernadora antes de acabar implorando el apoyo de los leoneses con el fin de mantener “el trono de la nueva Isabel”. Solamente dos meses más tarde, el domingo 6 de diciembre, tuvo lugar en León la solemne proclamación de Isabel con repique de campanas, aclamaciones por las plazas y otros actos.

Sin embargo, por entonces ya se habían levantado los partidarios del pretendiente carlista, que en León, contaban con el entusiasmo del obispo Abarca. Así, en enero de 1833, se había producido un intento de sublevación de los voluntarios realistas en el que estos y el obispo tuvieron que ir a refugiarse a Portugal. Pero esta rebelión no fue insignificante sino significativa, ya que reflejaba bastante bien el ambiente eclesiástico de una provincia en la que los cabildos de León y Astorga también simpatizaban con los carlistas.

A pesar de ello, la penetración del carlismo fue diversa en la provincia y hubo unas zonas más carlistas que otras. Según Carmelo Lucas del Ser, los tres focos clásicos del carlismo leonés fueron los pueblos del Órbigo y Omaña, la montaña de Riaño y la comarca de Astorga, en cuyo territorio pueden interpretarse la ciudad y su geografía más inmediata, o sea, la Cepeda, la Maragatería...

 

Lema del carlismo.

LA CEPEDA Y LAS SEÑAS DE IDENTIDAD DEL CARLISMO

Si tenemos en cuenta que la Cepeda está rodeada por la Omaña, el Órbigo o la ciudad de Astorga y que además se encuentra inmediata a la Maragatería, donde se formaron partidas carlistas lideradas frecuentemente por eclesiásticos astorganos, será necesario concluir, que por su situación geográfica el territorio de la actual comarca de la Cepeda tiene que identificarse con el carlismo, y más concretamente, dentro de los focos clásicos del carlismo leonés.

Sin embargo, que la Cepeda haya sido carlista no tiene nada de especial y más bien, ello parece estar dotado de cierta coherencia si atendemos a su trayectoria histórica y al lema carlista “Dios, Patria, Rey” con su posterior añadido “Fueros”. En efecto, porque la primera palabra nos conduce hacia las hondas raíces cristianas de la zona, ya que el cristianismo asturicense puede empezar a documentarse a mediados del siglo III, cuando una epístola de San Cipriano dio testimonio de la primera comunidad cristiana de Astorga. Estas antiguas raíces posibilitaron la expansión del cristianismo local, antes de que este se consolidara durante la Edad Media por toda la diócesis. Y por supuesto en la Cepeda, que inmediata a la ciudad de Astorga, acogió un gran número de espacios eclesiásticos y monásticos.

De otra parte, por lo que se refiere a la palabra Patria, no deberá olvidarse como aquella repoblación oficial que tuvo lugar tras la invasión árabe, finalizó en la Cepeda a mediados del siglo IX. Desde entonces, sus tierras evolucionaron organizadas e identificadas con la llamada “Reconquista” hasta la toma de Granada. Por lo tanto, fueron muchos los siglos dedicados a la conquista de territorios y la forja de una patria, que finalmente culminó en 1512 con la anexión del Reino de Navarra.

Y en fin, que decir sobre los reyes en una tierra, en la que disfrutaron de algunas posesiones. Además, la familia de referencia, la que llevó el nombre Cepeda por toda España y luego por América, sirvió en puestos de confianza a distintos reyes de las dinastías Borgoña, Trastámara y Austria, tal y como ya mostré en Las raíces leonesas de Santa Teresa de Jesús en Quintana del Castillo. En verdad, las posesiones regias y el largo historial de los Cepeda al servicio de los reyes de varias dinastías, resultan bien concluyentes.

Finalmente, acerca del añadido “Fueros”, debe recordarse que desde la Edad Media, la Cepeda conoció privilegios y normas asociadas a distintos lugares de la actual comarca, pero también, a nivel territorial. Sobre esto último son bastante representativas unas líneas escritas por Justiniano Rodríguez en Los fueros del Reino de León al tratar la Tierra de Cepeda. Dicen así: “incluimos deliberadamente en este estudio la reseña independiente e individualizada de la entidad foral de la Tierra de Cepeda, integrada en la comarca geográfica del valle superior del río Tuerto y configurada desde fecha imprecisa como una behetría abierta que debió de tener reglamentación propia bajo los auspicios de la corona y de la sede astorgana”. Si tenemos en cuenta que el autor escribía esto tras analizar una sentencia de mediados del siglo XIII, no puede existir la menor duda de que la entidad foral de la Tierra de Cepeda tuvo que interiorizar el añadido “Fueros” desde la Edad Media.

 

ALGUNOS HECHOS RELACIONADOS CON EL CARLISMO LOCAL

Hasta el presente no me consta que se haya abordado el asunto del carlismo en la Cepeda, sin embargo, al profundizar un poco en el tema empiezan a brotar informaciones de interés como la captura del cura de Cangas, Ramón González Llama, que era cabeza de una facción carlista. Dicha captura tuvo lugar el 15 de noviembre de 1834 en la localidad cepedana de Villarmeriel, cuando se encontraba escondido en la casa del cura.

De la primera parte del siglo XIX, también nos ha quedado noticia de la asimilación del carlismo por parte la población local. Al respecto, puede mencionarse que en la población de Manazanal llevaba un año destinado un joven que había ejercido de correo en las provincias vascongadas, y ahora se encontraba en este pueblo a cargo de la estafeta. Según indica el viajero George Barrow, era un liberal entusiasta y echaba pestes de los paisanos “todos, según él, carlistas y amigos de los frailes”. Y lo cierto es que hubo frailes franciscanos en Cerezal y frailes hospitalarios en San Juan de Montealegre y San Bartolomé del Cueto, o sea, como para no ser amigos de los frailes. Pero además, la población de Manzanal en la que estaba destinado aquel joven perteneció durante siglos a los frailes hospitalarios.

Y en fin, sobre estos hechos relacionados con el carlismo local puede señalarse que en julio de 1869 tuvo lugar una intentona carlista en Astorga, que finalmente fracasó. En el Sierro, lugar inmediato a la ciudad y en el que se juntan Astorga y la Cepeda, esperaban partidas que sumaban más de 200 hombres para dar el golpe decisivo. Dichas partidas estaban lideradas por algunos cabecillas entre los que había algunos curas, entre otros, el de la localidad cepedana de Carneros.

 

Breve apologia, y deposito de las noticias, papeles originales, y historias, qve demvestran la nobleza, y antiguedad de la ilustre, y clara sangre de la Casa de los Caualleros del apellido de Tordesillas, Cepeda, cuyo assiento es en la Ciudad de Segouia.

A MODO DE CONCLUSIÓN

La ciudad de Astorga con sus inmediaciones geográficas fue uno de los tres focos clásicos del carlismo leonés. En buena parte, porque el cabildo asturicense y los religiosos de la diócesis decidieron plantar cara al liberalismo y comprometerse hasta las últimas consecuencias, participando incluso en la lucha armada. Esta intensa y prolongada vinculación al carlismo durante el siglo XIX, fue bien conocida y se ganó el respeto en otros territorios carlistas. En verdad, todo indica que esto fue lo que propició que don Vicente Alonso Salgado, obispo de Astorga, presidiera junto al obispo de Lugo la celebérrima peregrinación vascongada de 1902. Precisamente, sobre esta peregrinación a Tierra Santa, Egipto y Roma, recientemente publiqué en Estudios Franciscanos un artículo donde se tratan dicha peregrinación y el solemne homenaje a Cristo Redentor, así como los entornos carlistas con los que deben relacionarse.

Situada al norte de Astorga, y rodeada por el foco de la Omaña y el Órbigo, así como por la Maragatería, todo indica que el carlismo fue bien recibido en la Cepeda desde sus inicios, acaso, porque el lema “Dios, Patria, Rey” y su añadido “Fueros”, se identificaban plenamente con esta tierra. Pero también porque ya tenía su propia “experiencia legitimista”, ya que en 1368, los ascendientes de Santa Teresa de Jesús se vieron obligados a  abandonar la Cepeda cuando tuvieron lugar los enfrentamientos entre el monarca legítimo Pedro y el bastardo Enrique. Al respecto, es bien significativa la leyenda que aparece en la bordura del escudo de los familiares de la mística: “Por ser leal, padezco mal, leal seré, y padeceré, por mi ley, y por mi rey”.

La provincia leonesa no se encontraba entre las más carlistas, sin embargo, existieron tres focos en los que el carlismo se impuso claramente. Dos de ellos, el de la comarca de Astorga y el de la Omaña y el Órbigo, estaban unidos geográficamente y grosso modo conformaban un gran foco carlista, sin duda, el mayor de la provincia de León. Por lo que respecta al caso concreto de la Cepeda, nuestra comarca se encontraba rodeada por los carlistas de ambos focos, ocupando una geografía céntrica dentro de este gran foco leonés. Y además limitaba al sur con Astorga, ciudad, en la que se asentaba la sede de una diócesis que participó muy activamente a favor del carlismo.

A día de hoy, resulta difícil cuantificar el seguimiento carlista en la Cepeda y la intensidad con la que lo percibieron sus gentes. Sin embargo, si atendemos a las palabras de aquel joven de Manzanal que había estado en el País Vasco, a la situación céntrica de nuestra comarca dentro del gran foco leonés, a su identificación con el lema carlista, al añadido “Fueros”, así como a su anterior experiencia legitimista, deberá concluirse, que tras la muerte de Fernando VII, la Cepeda se reveló como una tierra carlista que se mostró coherente con su historia, sus gentes y sus costumbres.

 

 

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